Último número.

Julio - Agosto de 2009 · nº 41

Sumario Comentado

La polémica está presidiendo el debate sobre las llamadas “marcas blancas” en alimentación. LA FACTORIA abre una nueva sección titulada “La alimentación y el consumo”, que se inicia, justamente, con este tema  La “marca blanca” a debate escrito por Francisco Fernández Payán de Tejada, uno de los principales expertos internacionales, el que fuera consejero-delegado de “Gallina Blanca” hasta el año 2000, hoy dedicado al análisis y el asesoramiento, y colaborador de esta revista desde su primer número en 1996.

Sindicatos y empresarios, tercian en el tema. Los trabajadores de marcas blancas en la industria alimentaria perciben un salario entre un 30% y un 40% de media inferior al de los trabajadores de las marcas de prestigio, según un estudio de CC OO sobre la incidencia de las marcas blancas en el sector. Para el sindicato, la expansión de estos productos derivada de la crisis -los consumidores pueden llegar a ahorrar casi un 40% en el carro de la compra- amenaza con un deterioro de las condiciones laborales en el sector: el 63% de las empresas alimentarias ha destruido empleo en el último año por incidencia de las marcas blancas, según datos del informe.

El estudio apunta que "los mejores convenios y condiciones laborales en el sector alimentario coinciden con empresas que tienen marca propia de prestigio y no fabrican para marcas blancas". Además, las marcas propias entrañan un menor riesgo de deslocalización y de pérdida de empleo y contemplan mayores inversiones en I+D+i.

El secretario general de CC OO , Ignacio Fernández Toxo, ha pedido al Gobierno que lleve a cabo esfuerzos para evitar la degradación de las condiciones laborales en el sector alimentario, de "gran proyección de futuro", y lo sitúe en la base del nuevo modelo productivo. En concreto ha demandado un plan de apoyo fiscal para incentivar las inversiones en I+D+i, un mayor control de las grandes empresas de distribución, alianzas para resolver los problemas de atomización en el sector y una modernización de las relaciones laborales para que las condiciones no sean un elemento de competencia entre las marcas.

El líder sindical defiende, además, la necesidad de incluir el régimen especial agrario en el régimen general de la Seguridad Social, pendiente desde el pasado 1 de enero, que, según dijo, aún no ha sido posible por las "fortísimas resistencias" de las patronales agroalimentarias.

Por su parte, y en el campo empresarial, acaba de presentarse un frente común contra la 'marca blanca' liderado por Danone, Coca-Cola, Calvo y Nestlé, que están diseñando una gran campaña para frenar su avance.

La pugna entre marcas blancas y marcas de fabricante no es nueva. La creencia por parte de los consumidores de que la marca blanca es igual que la privada sólo que más barata y que la realizan los mismos, es algo que siempre ha incomodado a los industriales. Lo cierto es que en este terreno la industria está dividida entre los que se han centrado en sus propias marcas y no realizan ninguna para otros, y los que tienen la industria basada en fabricación de marcas para híper y súper.

El avance de las marcas blancas en productos de alimentación y no alimentación ha ido creciendo de forma exponencial. Sobre todo a medida que otros industriales desarrollaban fórmulas y productos similares a los que las primeras marcas (Danone, Cola Cao, Minute Maid…) habían desarrollado en sus laboratorios de I+D, de forma que ese valor añadido se convertía en la barrera de entrada para muchos competidores, marcas de la distribución incluidas. 

Pero la crisis ha acelerado este trasiego de clientes de las marcas de fabricante, como las de Danone, hacia las de la distribución, como las que comercializan todas las grandes superficies (Hacendado de Mercadona, o las de Alcampo, o Dia). Así, el petit de Danone, su Actimel o su Activia encuentran réplicas casi a mitad de precio, en algunos casos, en Carrefour, Alcampo, Mercadona... 

El precio es la clave que distancia enormemente un producto de marca privada de uno de los de la distribución, tanto que en algunos casos, sin entrar en valorar la calidad, puede resultar la mitad.

Cuando la economía marcha bien no hay problema, sobre todo cuando los consumidores se reparten entre la variedad de ofertas. Pero en épocas de crisis es precisamente en este punto donde las familias más reducen el coste de la cesta de la compra. Sobre todo si el lineal premia a las marcas de la distribución y castiga a las del industrial.

Continuamos con el apartado “La reflexión cultural”, que toma como punto de partida e martes, 7 de julio, en que se presentó la Carta Encíclica  Caritas in Veritate, del Sumo Pontífice Benedicto XVI, sobre “el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad”.

El texto papal ha sido comentado por muchos analistas sociales y políticos, existiendo una amplia coincidencia en que, si se exceptúan las cuestiones de sexualidad - eterno diente cariado de la Iglesia católica- y de bioética, lo que aparece es un humanismo lúcido.

Más de cuarenta años después de Populorum progressio de Pablo VI, resueltamente socialdemócrata, nos llega una Encíclica de la misma tonalidad:  Caritas in Veritate. El Papa critica las aberraciones del provecho egoísta, las estridentes diferencias entre ricos y pobres, la tiranía del mercado, el despotismo de la técnica, y preconiza el desarme total mediante la creación de una autoridad política mundial.

Benedicto XVI recoge la tradición social de Pablo VI, Juan XXIII y, muy especialmente, de León XIII y de su encíclica Rerum Novarum (1891) que, ya entonces, criticaba los excesos del provecho egoísta y preconizaba la primacía de lo social sobre la lógica económica propiamente dicha.

Además de publicar el texto íntegro de la Encíclica  Caritas in Veritate, completamos este apartado con otros textos que esperamos permitan formar una opinión bastante completa sobre el pensamiento del Sumo Pontífice. Estos son la controvertida conferencia  Fe, razón y universidad: recuerdos y reflexiones, que pronunció Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona el 12 de septiembre de 2006. Y, cómo no, el debate celebrado el 19 de enero de 2004, en la Academia Católica de Baviera, en Munich (y que esta revista ya publicó en su día), entre el entonces cardenal Joseph Ratzinger, actual Papa Benedicto XVI - Diálogo entre la razón y la fe (I) -, y el filósofo Jürgen Habermas - Diálogo entre la razón y la fe (y II) -, profesor, y último gran exponente de la Escuela de Francfort.

Y cierra este número el apartado “La Catalunya política”, con dos conferencias de José Montilla, presidente de la Generalitat de Catalunya, tituladas  Gracias a todosTras el acuerdo sobre el nuevo modelo de financiación, ambas referidas al acuerdo alcanzado sobre el sistema de financiación para las autonomías.

Hace justo un año, cené en el Ampurdán con el presidente Montilla y Santiago Carrillo. Nadie se atrevió a vaticinar qué pasaría con la financiación. Lo que sí estaba claro para los tres era que, dentro del PSOE, si alguien podía ser capaz de dar el paso decisivo hacia el nuevo modelo autonómico, ese era el presidente Zapatero; no otro. Y así ha sido.

Zapatero y Montilla se han felicitado mutuamente al final de la contienda. Ambos presidentes han vivido momentos de vértigo por lo mucho que se jugaba, pero han sabido terminar bien la partida: salir los dos reforzados y, con ellos, España.

Y esto está sucediendo en el socialismo español, donde siempre fue más determinante, para el fiel de la balanza, el peso del PSOE que el de los demás. Sin embargo, en esta ocasión, PSOE y PSC han apostado decididamente por la federalización de la estructura del Estado y de las relaciones entre ambos partidos políticos: han pesado más las buenas razones, como ya comentamos la semana pasada.

Y es que, los presidentes Zapatero y Montilla, abren una nueva página en nuestra historia y nuestro socialismo. Hagamos memoria.

Corría el mes de septiembre de 1985. Felipe González invitaba a Raimon Obiols -entonces primer secretario de los socialistas catalanes- a verse en La Moncloa. Al presidente del gobierno le había impresionado el artículo “Catalunya, asignatura pendiente”, publicado días antes. El líder catalán escribía, entre otras cosas, que lo único que precisamos es organizar una forma democrática, eficaz y no conflictiva de relaciones, siguiendo la vieja regla que Nicolau d'Olwer resumió casi epigramáticamente: "Necesidad de unión; imposibilidad de amalgama". Y añadía que no hay un problema catalán, sino un problema español. Lo sorprendente es que Felipe González y Raimon Obiols nunca habían hablado a fondo del tema.

Hoy las cosas ya no son así. Las conversaciones sobre Catalunya entre los presidentes Zapatero y Montilla han sido muchas. El nuevo PSOE apuesta por resolver la cuestión territorial y lejos queda la uniformidad del socialismo viejo.

Y para Catalunya, evidenciar que los líderes de CiU fueron malos gestores políticos. Es sabido que Arzallus sacó a Aznar muchísimo más que CiU. Los logros del presidente Montilla acrecientan aún más la hipótesis de la poca capacidad negociadora de los gobiernos nacionalistas.

Otra es el giro de ERC, que ha decidido centrarse, lo que hace que desaparezca la hipótesis de una coalición de gobierno PSC-CiU: las próximas elecciones autonómicas confrontarán a la coalición progresista (PSC-ERC-ICV) frente a la coalición conservadora (CDC de Artur Mas y UDC de Duran Lleida), con la muletilla del PPC.

CiU se ha quedado sola. Pensó que ERC no aceptaría un modelo de financiación que no aprobaran los nacionalistas de Artur Mas, pero el tiro les ha salido por la culata. Volveremos a ello.

Y hasta de aquí dos meses, que ustedes lo pasen bien.

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